Tedio: aburrimiento extremo o estado de ánimo del que soporta algo o a alguien que no le interesa.
Esta república se muestra totalmente incapaz de hacer frente al tedio, de asumir ni siquiera una consecuencia estable de este estado de putrefacción en el que nos encontramos.
Las causas, como todos los motivos o los impulsos, son difusas. No se sabe si la bomba ya estaba colocada, o si los hechos la han ido poniendo en su sitio: perfeccionándola, ajustándola. Ahora, en lugar de matar o mutilar, como debería ser su función, deprime, a veces angustia, pero sobretodo hunde a su portador en el tedio. Es decir, en esa fino velo, tan pesado y efectivamente opaco, que saca impulso y esconde nuestros sueños. Y es que también las repúblicas, a veces, sueñan. Y los mejores sueños son los que se sueñan despiertos.
Pero no hay motivo para angustiarse. Todo sigue igual.